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¿Qué es el Banco del tiempo de Viceroy?

¿Qué es el Banco del tiempo de Viceroy?

«Aquí lo importante no es lo que tienes, es lo que eres».

Es una plataforma online desarrollada por Viceroy, donada a la sociedad para que la gente viva, aprenda y comparta habilidades, conocimientos y experiencias con otras personas.

El Banco de Tiempo Viceroy es el lugar donde intercambiar con los demás lo más valioso que posees, tu tiempo.

¿qué son los créditos de tiempo?

Por cada actividad que hagas recibirás créditos de tiempo que podrás canjear por algo que ofrezca otro socio del Banco de Tiempo Viceroy.

Por ejemplo, Marta le da una clase de yoga a Luis. A cambio, Marta consigue un crédito de tiempo de Luis, y puede usarlo para entregárselo a Tomás y que este le haga, digamos, un retrato a carboncillo de su cara, estableciéndose así una cadena de favores donde la gente intercambia su tiempo y no importa el dinero que tengas.

Trucos de conducción, dibujar, traducir al ruso, hacer punto, jardinería, cocinar una buena paella, cortar el pelo… si algo se te da bien, podrás intercambiarlo con el mundo.

Si quieres saber cómo funciona, pincha en este link.


El esperado ‘efecto llamada’ del Apple Watch

El esperado ‘efecto llamada’ del Apple Watch

Desde que comenzaron a circular los rumores del Apple Watch han ido apareciendo toda clase de relojes inteligentes, pero nadie ha logrado aún popularizarlos

La Apple que presentó el iPhone en 2007 era muy diferente de la que lanza en 2015 su reloj inteligente. Una de las cosas que ha cambiado es que sus competidores parecen querer impedir a toda costa que tome la delantera al lanzar una nueva gama de productos. Por eso desde que comenzaron a circular hace un par de años los rumores de que estaba desarrollando el Apple Watch han ido apareciendo toda clase de relojes inteligentes. Pero no es ningún secreto que nadie ha logrado aún popularizarlos.

La empresa que más ha peleado por encontrar su propio camino en este terreno ha sido paradójicamente una que de momento no ha lanzado ningún reloj: Google. Hace un año presentaron Android Wear, la versión para relojes de su popular sistema operativo. Se adelantaron incluso al anuncio oficial que realizó Tim Cook del Apple Watch.

En un dispositivo como un reloj el diseño y el logo de cada modelo son aspectos más importantes que el sistema operativo o las especificaciones técnicas del producto. Pero, el software y el hardware son clave para que la experiencia de uso en estos dispositivos resulte atractiva o frustrante.

En un dispositivo como un reloj, el diseño y el logo de cada modelo son aspectos más importantes que el sistema operativo o las especificaciones técnicas del producto

Los dos grandes inconvenientes de la mayoría de relojes inteligentes, incluido el de Apple, son la autonomía de la batería, más limitada incluso que las de los móviles, y la pobre experiencia que ofrecen si no van sincronizados a un teléfono. En algunos casos, como el del Apple Watch o ciertos modelos de Samsung, solo es posible sincronizarlos con móviles de la misma marca.

Solo los relojes de la startup Pebble ofrecen una solución a ambos problemas. Pues evitan que tengamos que cargar a diario las baterías. Para ello usan una pantalla que consume menos sacrificando bastante el nivel de resolución del texto y las imágenes. También cuentan con la ventaja de poder sincronizarse con teléfonos Android o con un iPhone. Pues existen tiendas de aplicaciones en ambas plataformas para añadir al reloj las miles que se han desarrollado para él

Varios modelos de los relojes inteligentes de Pebble.

Otra característica del Pebble es que su pantalla no es táctil. La interacción se produce mediante el micrófono y a través de cuatro botones. Sus principales carencias son que la red de distribución comercial no es comparable a la de otros fabricantes. En España solo se pueden comprar a través de Internet y algunos usuarios se han quejado de recargos por impuestos de aduanas al recibirlos en casa. Otra cosa que algunos echarán en falta es poder ver fotos en su pantalla.

Aunque nada de eso parece ser un gran problema para los que han comprado el millón de pebbles que se han vendido hasta la fecha. Una cifra que no está nada mal teniendo en cuenta que este aparato surgió con un sistema de venta por mecenazgo, una fórmula que por cierto siguen empleando.

Ya llevan casi 18 millones de dólares recaudados en Kickstarter para su nuevo producto: un Pebble que parece más un reloj en vez de un gadget y que contará con pantalla de tinta electrónica en color. Con ella afirman que lograrán un máximo de 7 días de autonomía. Sus cifras de ventas se explican en gran medida por sus atractivos precios. El nuevo modelo costará 199 dólares, 169 si se adquiere a través de Kickstarter

El reloj inteligente modelo ‘Moto 360’ de Motorola.

Samsung y Sony son las dos empresas que llevan una trayectoria más intensa en lo que respecta la producción de relojes inteligentes. Sobre todo la japonesa, que fue la primera gran marca en lanzar uno de estos dispositivos en 2012. El Sony Smartwatch 3 juega a su favor con que dispone de un GPS que permite salir sin el teléfono a la calle. Algo que muchos valorarán positivamente a la hora de hacer deporte sin tener que cargar con el móvil. Utiliza como sistema operativo Android Wear y su precio oficial es de 229 euros.

Mucho más extraña es la última apuesta de Samsung en este terreno. Su modelo Gear S es un reloj de grandes dimensiones y una batería en consonancia. Pues tiene una autonomía de dos días, al menos si lo usamos con moderación. Entre sus peculiaridades está que usa el sistema operativo Tizen en lugar de Android. Este permite cosas tan peculiares como mostrar un teclado en su pantalla. Evidentemente, no es buena idea redactar mensajes demasiado largos en una superficie tan diminuta.

Samsung y Sony son las dos empresas que llevan una trayectoria más intensa en lo que respecta la producción de relojes inteligentes. Sobre todo la japonesa, que fue la primera gran marca en lanzar uno de estos dispositivos en 2012

Su principal virtud es que es el único reloj que hoy por hoy permite usar una tarjeta SIM. Algo que hace que sea independiente de un teléfono para hacer cosas como hablar por teléfono o mandar mensajes. Eso sí, para cargar nuevas aplicaciones resulta imprescindible usar alguno de los teléfonos de la empresa que son compatibles con él. Una limitación bastante extraña con la que Samsung parece querer parecerse a Apple. El precio oficial de este reloj es de 399 euros.

Dos relojes basados en Android Wear que comparten un diseño esférico en lugar del típico diseño cuadrado, son el Moto 360 de Motorola y el LG G Watch Urbane. Ambos dispositivos cuentan con un diseño similar, aunque el segundo dispone de un hardware algo más avanzado, se han utilizado mejores materiales en su construcción y cuenta con una pantalla que permite mostrar permanentemente la hora en un modo de bajo consumo. El Motorola cuesta 249 euros. Se espera que el LG G Watch Urbane tenga un coste superior cuando se comercialice en España, pues el objetivo de la empresa surcoreana parece ser plantar cara directamente al Apple Watch.

Ahora toca ver cuantos relojes logrará Apple vender. No es descabellado pensar que incluso sus competidores pueden estar a la espera que el dispositivo arrase. Pues si algo así sucede será la mejor forma de que esta clase de relojes se popularice. Del éxito de Apple previsiblemente se beneficiarían sobre todo los que vendan productos más económicos, pues casi nadie duda de que Apple nuevamente reinará en la parte alta de la montaña.

Fuente: El País


Como escoger entre un reloj de cuarzo y uno automático

Como escoger entre un reloj de cuarzo y uno automático

Relojes de cuarzo vs. automáticos.

La pregunta de cuál es mejor es algo que divide al mundo de los relojes. Aquí hay algunas respuestas.

Lo básico

 Existen dos tipos de relojes: de cuarzo y mecánicos. Los primeros funcionan con una batería, mientras que los segundos son accionados por una liberación de energía cuidadosamente regulada desde un dispositivo de cuerda y utiliza exclusivamente componentes metálicos para medir el tiempo.

 Los relojes mecánicos pueden ser manuales o automáticos. En el reloj manual el usuario debe girar la corona o el “enrollador” para apretar la cuerda. Desde ahí funcionará por aproximadamente 40 horas en un enrollamiento total de la cuerda principal, aunque algunos tienen una reserva de poder que puede durar 10 días. En el reloj de cuerda automático la cuerda se enrolla automáticamente por un rotor que gira a la vez que se mueve la muñeca del usuario, lo que es el motivo de por qué se les suele llamar “automáticos” o cinéticos.

 Los relojes de cuarzo, que representan alrededor del 90% de los relojes en el mundo, contienen un cristal de cuarzo que vibra aproximadamente 33 veces por segundo. Un pequeño chip computarizado convierte las vibraciones en impulsos que llegan al motor eléctrico, alimentado por una batería, que hace que las manecillas se muevan.

Costo de manufacturación y precisión

 Aunque los relojes de cuarzo son más precisos y generalmente requieren menos mantenimiento, la manufacturación y habilidad que representa la cumbre de la relojería usualmente se asocia con los relojes mecánicos.  Los relojes automáticos más finos están dentro de las máquinas más intrincadas del mundo, y los relojeros continúan compitiendo entre sí para crear movimientos mecánicos cada vez más elegantes e ingeniosos al incorporarles todo tipo de características y “complicaciones” agregadas. Los relojes mecánicos más costosos llegan a cientos de miles o incluso millones de dólares. Sin embargo, Christopher Ward crea relojes automáticos maravillosamente manufacturados que están a partir de unos pocos cientos.

 Por otra parte, los relojes de cuarzo son los más precisos del mundo, y algunos tienen complicaciones que rivalizan con sus contrapartes mecánicas por un precio mucho menor. También son extremadamente livianos (el más liviano de todos, el Delirium IV de Concord, tiene un grosor de menos de 1mm), lo que les da a los diseñadores mucha más libertad. Los relojes de cuarzo solares Eco Drive también cuentan con popularidad.  La discusión respecto a cuál de los relojes es mejor se hace aún más complicada debido a Seiko, que ha creado una serie de relojes Spring Drive de gran prestigio, que utilizan la tecnología de cuarzo para modular el poder mecánico: la combinación de gran precisión con la manufacturación tradicional.

Complicaciones

Durante los últimos 200 años, los fabricantes de relojes han logrado proporcionarle a sus obras una variedad alucinante de complicaciones, algunas con el objetivo mejorar su precisión y otras simplemente para demostrar su ingenio y extraordinarias habilidades de micro-ingeniería.  Un buen ejemplo de lo último es el Opera One de Girard-Peregaux, que aparte de sus otras complicaciones, crea efectos reproduce fragmentos de conocidas arias de ópera al marcar la hora, con cuatro pequeños martillos de campana (tres de los cuales son visibles). Los relojes solares pueden tardar años más que meses en construirse.

Mecanismo Tourbillon

Como la gravedad interfiere con la mayoría de las partes delicadas de escape de un reloj (el mecanismo que transporta energía a la función de cronometraje del reloj), especialmente el espiral , los fabricantes han tratado de obtener por mucho tiempo un resultado consistente en el escape, sin importar en qué posición se encuentre. El mecanismo Tourbillon (que en francés significa torbellino) tiene como objetivo reducir los efectos de la gravedad al montar el volante y el escape en una jaula giratoria. La idea fue concebida por el inglés John Arnold antes de que fuese desarrollada por Abraham-Louis Bréguet alrededor de 1795. La primera producción de estos mecanismos fue en un reloj de carruaje hecho por Bréguet para Napoleón. En la búsqueda de una precisión mayor, los relojeros crearon mecanismos Tourbillon aún más complejos, entre los que se incluyen el Thomas Prescher Triple-Axis-Tourbillon Regulator Sport de 2004.

Calendario perpetuo

Otra complicación considerada como una de “grandeza histórica” es el calendario perpetuo, que permite que un reloj muestre la fecha correcta “perpetuamente” a pesar de los diferentes números de días en ciertos meses y años bisiestos. Este calendario a menudo muestra el día, mes y también las fases lunares. Para que un reloj haga esto todo lo que se necesita es una “memoria” mecánica hecha de cientos de ruedas, engranajes, palancas y otras partes. A pesar de su nombre, casi todos los relojes de este tipo tendrán que ser corregidos en un día el 1 de marzo del año 2100.   Un capricho del calendario gregoriano estipula que este año (además de tres de cuatro años del siglo) no será bisiesto.

Hora saltante

Otro tipo de complicación tiene que ver con la forma en que un reloj muestra la hora; un buen ejemplo son los relojes de hora saltantes, en los que solo se utiliza una manecilla, ya que la hora se muestra en una ventana.

Fuente: diganmecomo.com


Los relojes suizos se hacen inteligentes

los-relojes-suizos-se-hacen-inteligentesMuchos fabricantes de piezas de lujo han innovado en la tradicional industria artesanal, para incluir chips

A finales de los años 90, cuando el relojero Pim Koeslag estudiaba el oficio en Ámsterdam, no imaginaba que con el tiempo estaría fabricando un reloj con dotes tecnológicos. Fue durante un viaje a Ginebra, que realizó en 2001 con compañeros de clases para conocer las tradicionales relojerías suizas, donde visitó la fábrica Frédérique Constant, en la que trabajaban unas 10 personas. Allí, Peter Stas, dueño y director de la empresa, preguntó si alguien podía ayudar a crear un reloj con el desarrollo del movimiento mecánico. “Yo no sabía cómo hacerlo, pero le dije que lo intentaría.”, explica Pim, desde su luminoso estudio en Ginebra (Suiza).

Ese fue el comienzo de una larga y fructífera amistad, donde actualmente Koeslang lidera la innovación técnica de la empresa. Un camino innovador y especialmente ambicioso, llegando a crear el Grand Tourbillon Minute Repeater, un reloj que Koeslang diseñó y fabricó con sus propias manos y que dio pie a la fundación de la marca Ateliers deMonaco, el brazo de relojes de súper lujo de Frédéric Constant.

El Minute Repeater se vende por 200.000 euros y Koeslang ha hecho solo ocho de ellos. Este hombre intensamente rubio explica que un príncipe de Qatar ya ha comprado tres.

Sin embargo, desde hace un año, Koeslang está sumergido en otra tarea: crear un reloj inteligente. En respuesta a los planes de Apple, cuando presentaron el Apple Watch a principio de este año. “Peter tuvo la locura de crear un reloj conectado hace dos años, y yo fui un poco escéptico, como relojero tradicional”, dice. En apariencia la pieza inteligente de Frédérique Constant sigue siendo el tradicional reloj suizo, con cristal de zafiro, pero sin un miniordenador en su pantalla, como el de Apple. En cambio, en su interior combina las funciones de Fitbit, un programa que sigue las actividades físicas durante el día y la noche. Una pieza de belleza y tecnología que cuesta más de 900 euros.

Para este proyecto contactaron con la empresa Fullpower, una compañía tecnológica de Silicon Valley especializada en wearables (vestibles) quienes han sido pioneros en infraestructura técnica, prestando servicios a Nike y al propio Apple, entre otros. Además de chips, el reloj viene con conexión de Bluetooth. Cuenta los pasos durante el día y por la noche monitorea la actividad del sueño, esta información se guarda dentro del reloj por 30 días. La pieza también se conecta al móvil donde quedan ilustradas las actividades. La inteligencia del cronómetro llega a indicar cuántos minutos te llevan para ir a dormir, señala la hora adecuada para despertar, incluso alerta si deberías moverte más.

Para Koeslang, el reloj sigue siendo un producto artesanal. “Yo he aprendido mucho de la tecnología, es muy interesante”. No obstante, este salto ha supuesto todo un desafío: Koeslang nunca antes había trabajado con chips ni sensores. Los relojeros suizos no lo han necesitado; sus herramientas han sido el tornillo y un destornillador, acompañado de un microscopio para ensamblar a la perfección cada pieza. En esta nueva aventura, tuvieron que adaptar la tecnología, incorporando nuevos materiales para que los sensores funcionen efectivamente.

Pim Koeslang dice que han visto la tecnología como una oportunidad y que para ellos jamás ha sido una amenaza. “Pudimos crear algo que no compite con el Apple Watch, simplemente seguimos con lo que somos, un reloj suizo con buena tecnología, donde, además, agregamos más tecnología”, sentencia.

Desde que comenzó la crisis económica en 2008, los suizos han incrementado la venta de sus relojes, en parte, gracias a la fortaleza de la economía China. Una tendencia que se ha visto a la baja, en particular desde el pasado julio por la deceleración de la economía China, debido a la crisis del Yuan. Las exportaciones bajaron un 9,3%, traducidas en unas pérdidas de 1.771 millones de euros, según los datos de productores de relojes suizos. De esta cifra mundial, sólo China supuso un 40% menos.

Y es precisamente por los vaivenes de la economía mundial, junto a la aparición del Apple Watch, que algunos relojeros suizos han tenido que innovar. Un cambio tan fuerte, que no tiene parangón. Pues, en la época de los 70, durante la aparición de los relojes japoneses de cuarzo, años de crisis en la industria suiza, la herida no caló tan profundo. Es más, incluso, los relojes suizos salieron fortalecidos. Tanto así, que algunas empresas suizas siguen fuertemente aferradas a su tradicional modelo de negocio, gracias a la fabricación artesanal.

Concept Watch

Es el caso de la exclusiva casa de relojes H.Moser, cuando en la feria de relojes Baselworld de este año, Edouard Meylan, su consejero delegado, provocó el ambiente anunciando que presentaba un reloj inteligente. El resultado: la puesta en escena del Concept Watch. Un reloj de 20.000 euros, que por su diseño minimalista, de puro oro blanco, se opone al Apple Watch.

¿Y, cuál es la inteligencia del reloj? En conversación con esta periodista Meyland responde que “hemos creado relojes inteligentes por más de 100 años, todos nuestros relojes son inteligentes, Lo que Apple hace es otra cosa, no se compara con lo que nosotros producimos”.

Por ello indica que su empresa no va a incluir tecnología de Silicon Valley, pues, a su manera, ya es tecnológica. “Creo que para algunas empresas suizas el Apple Watch ha sido una amenaza. Para nosotros, al contrario, creo que puede ser beneficioso”, dice. Y añade: “yo compraré un Apple Watch, pero lo utilizaría como una herramienta, no como un reloj. Lo diseñaron como un reloj porque es la mejor manera de entrar en el mercado”.

Meyland agrega que cuando vio que algunas de las empresas suizas como “Frédérique Constant , Montblanc, Bulgari y Tag Heuer, comenzaron a evolucionar con la tecnología, me sorprendieron”. Destaca que actualmente hay dos grupos de negocio en la industria de relojes; los que se quedan con la tradición, y los que tratan de crear un reloj inteligente. Según él, este último grupo es muy oportunista. Pues aquí se diluye un poco lo que es la tradición suiza de relojería. Incluso, prevé que “tal vez, tengan efectos negativos en un futuro”.

H. Moser es una empresa familiar, muy tradicional, que produce 1200 relojes por año. Meyland explica que durante la crisis del cuarzo la competencia para la industria suiza fue directa. Pero con constancia y una buena estrategia de marketing supieron capear el temporal. Por ese motivo hoy “la gente que compra un reloj suizo, compra belleza”, dice. Sin embargo, con un “Smart Watch se compra tecnología. Por ello no creo que sea una competición. La única competencia es que ambos se llevan en la muñeca”, sentenció firmemente.

Fuente: elpais.com


Inventan un reloj que permite tener la galaxia entera en la muñeca

Inventan un reloj que permite tener la galaxia entera en la muñecaTodos sabemos la ingeniosa creación que suponen los smartwatches, ya que hacen que confluya el poder de la tecnología moderna con la elegancia.

Sin embargo, este nuevo invento, el Midnight Planétarium, lleva a los relojes 2.0 a un nuevo universo, nunca mejor dicho. Creado por Van Cleef & Arpels en colaboración con el relojero holandés Christiaan van der Klaauw, este exquisito reloj de pulsera va más allá de indicar el tiempo o servir como un accesorio de moda. Según sus creadores, «ofrece la fascinante posibilidad de llevar el universo en su muñeca». Algo inédito.

El reloj de oro rosa consta de 396 piezas diminutas y cuenta con una réplica en miniatura de nuestro sistema solar, integrando el Sol, una estrella fugaz y seis planetas enjoyados, pues cada planeta está representado por una piedra preciosa o semipreciosa. Mercurio está hecho de serpentina; Venus, de cloromelanita. Marte, tan de moda en la actualidad, de jaspe rojo; Júpiter, de ágata azul; Saturno, de sugilita. Y, por último, la Tierra, representada con un hermoso color turquesa.

Además, cada planeta se mueve en su propio disco con su auténtica velocidad, representando con precisión el movimiento de los planetas en sus órbitas alrededor del Sol. Pero no es oro todo lo que reluce. El relojero holandés Van der Klaauw tuvo que dedicarse a la tarea durante años, y el mecanismo de carga que simboliza dicho movimiento fue uno de los más costosos de llevar a cabo.

Pero, ¿y las agujas del tiempo? No hay, y precisamente para eso está la estrella fugaz, que indica las horas y los minutos. Y todavía hay un detalle más poético que hace que este reloj sea más un espectáculo artístico que un producto básico de la vida cotidiana.

Una flecha roja colocada a lo largo del borde exterior del Midnight Planétarium hace que se pueda alinear con una fecha deseada, por ejemplo, un cumpleaños, aniversario o cualquier otra ocasión. En ese día tan especial, la piedra que representa la Tierra se alineará con una estrella que está grabada en el cristal de zafiro. No solo es una maravilla técnica, sino que da a este reloj un toque más personal.

Pero el universo no está al alcance de la mano. Al menos no para muchos. Llevar la galaxia en tu muñeca cuesta lo suyo: 245.000 de dólares. Tal y como reza su lema: «El sistema solar está más cerca de lo que piensas».

Fuente: ABC


Una revolución nunca sale redonda

Una revolución nunca sale redondaClé, lo nuevo de Cartier, tiene una caja que juega con formas curvilíneas y una corona en forma de llave. El resultado, además de funcionar a la perfección, no se parece a nada que se haya visto antes

Formas ha habido muchas. Estuvo el Santos, aquel reloj cuadrado que Louis Cartier creó en 1904 para el aviador brasileño Alberto Santos Dumont. Un poco más tarde, en 1917, apareció el rectángulo en las líneas del Tank, otro icono de la maison francesa. El Crash no tiene formas (bueno, sí, pero es como si le hubieran golpeado con un martillo: es imposible definirlo). Y también están los redondos, claro. Pero, ¿redondos que no lo son? De esos sólo existe Clé.

Su presentación en el último Salón Internacional de la Alta Relojería en Ginebra fue uno de esos momentos estelares que no se viven muchas veces en el mundo de los guardatiempos. Porque, por mucho que Cartier sepa un par de cosas sobre hacer relojes revolucionarios, lanzar una familia completamente nueva, con un calibre recién salido del cascarón, es un atrevimiento inusual. El nuevo Clé (llave en español) posee una esfera redonda, pero por la forma de su caja, semiovalada, da otra apariencia; un truco visual cuyo misterio viene reforzado por esa extraña corona que no se parece a ninguna de las que habitualmente portan los relojes. Porque es, y funciona, como una llave. Dándole vueltas se controlan las agujas. Otro detalle: mirado de perfil se vislumbra que la caja es curvada, al igual que su fondo, con lo cual se adapta a la muñeca como un guante. Esto es más que un tópico: es cierto.


Por qué ningún reloj, por sofisticado que sea, dará nunca la hora exacta

Por qué ningún reloj, por sofisticado que sea, dará nunca la hora exactaLa física y la relojería sirven en bandeja la excusa perfecta para los que siempre llegan tarde: «No he sido yo, es él»

Los suizos son esas personas que convirtieron el tiempo en un arte. Y no nos referimos a las predicciones meteorológicas que ocupan tanto o más tiempo (nunca mejor dicho) en los telediarios como el fútbol. Hablamos de proezas de microingeniería llamadas relojes que, desde hace décadas, muchísimas, esos maestros encerrados en valles y montañas rodeados de nieve se han dedicado a fabricar con mimo y dedicación envidiables, casi enfermiza. Su objetivo ha sido, y sigue siendo, crear relojes precisos, perfectos, exactos, bellos. Y, sobre todo, imprescindibles, necesarios. Al fin y al cabo ellos rigen la vida. Esos cachivaches nos despiertan, nos dejan caer a qué hora hay que ir al trabajo, cuándo hay que parar para comer, la siesta, la cita con el médico, con el novio/a, cuándo empieza la sesión de cine… «¿cuándo dices que echan el capítulo tres de la octava temporada?». Es el ritmo, el motor que mueve el mundo, que estimula a las personas. Pero, y aquí surge la gran duda, ¿son exactos? Por muchas complicaciones que tenga (ecuación del tiempo, tourbillones varios, carruseles, cronógrafo, calendario perpetuo) o innovaciones tecnológicas (titanio, espirales y volantes de silicio, magnesio, etcétera) la respuesta es: no. Nunca darán la hora exacta.

No nos preocupemos por la exactitud de nuestros relojes –ya sean de cuarzo o mecánicos– porque rara vez nos dirán el preciso instante que vivimos»

Ernest Valls, director técnico de la revista MDT

¿Por qué? Paciencia, no se apuren, lean esto antes de tirar sus relojes a la basura, porque como afirma Ernest Valls, director técnico de la revista MDT (Máquinas del Tiempo), “no nos preocupemos por la exactitud de nuestros relojes –ya sean de cuarzo o mecánicos– porque rara vez nos dirán el preciso instante que vivimos, por lo que mejor disfrutemos de llevarlos y de las historias que atesoran por los momentos compartidos”. Dicho esto, habría que puntualizar dos aspectos que convierten los relojes en maravillosas armas imperfectas: uno se mueve en al ámbito de la física; el otro en el astronómico. El investigador del Instituto de Física Teórica IFT UAM-CSIC de Madrid, José Luis Fernández Barbón, es experto en lo primero, en la física: “En todo reloj hay dos aspectos teóricamente importantes: precisión (intervalo de tiempo entre tictacs consecutivos, que podemos llamar ‘pulsación’) y fidelidad (resistencia a errores, es decir, el reloj no pierde ni gana ningún tictac durante mucho tiempo). En las entrañas del reloj siempre hay algún componente interno que oscila de forma regular. La precisión es mayor cuanto mayor sea la frecuencia de este oscilador, mientras que la fidelidad está relacionada con la estabilidad del oscilador. Un reloj infinitamente fiel tendría dentro un móvil perpetuo. Lo más parecido a un móvil perpetuo en la naturaleza son los electrones dentro de los átomos, porque las leyes de la física nos dicen que todos los átomos son idénticos, y sus propiedades no cambian con el tiempo si no se les perturba desde fuera. Así que conseguir fidelidad implica basar el reloj en átomos, y aislarlos en lo posible.

«Esto explica que los relojes más fieles sean los atómicos, que teóricamente podrían correr por mil millones de años sin perder un segundo”, añade el físico. Alguien que persiga la exactitud plena en su reloj de pulsera debería plantearse hacerse con un atómico, pero esto sería algo costoso y, sobre todo, muy difícil de llevar en la muñeca por razones de (gran) tamaño. Aun así, si usted se hace con un guardatiempos atómico portátil, tampoco las tiene todas consigo. Habla José Luis Fernández Barbón: “En cuanto a la precisión máxima de un reloj atómico, está limitada por la velocidad a la que ocurren las cosas en el interior de un átomo. Así que la pulsación nunca puede ser menor que el tiempo que tarda la luz en cruzar un átomo (esto es la millonésima parte del grosor de un cabello humano) ¡a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo! Eso es un tictac bien pequeño… Pero si queremos algo aun más preciso, hay que usar un oscilador más rápido, como por ejemplo los procesos nucleares. El problema es el principio de incertidumbre de Heisenberg, según el cual manejar tiempos más pequeños cuesta una energía cada vez mayor. Y cuanto mayor la energía, más cuesta controlar la fidelidad. ¡Operar con un reloj nuclear es complicado por razones obvias!”. Como él mismo confiesa, “la ‘hora exacta’ no existe en un sentido estricto. Pero un reloj de pulsera está muy lejos de darla”. ¿Les ha dejado chafados la explicación aportada por la física? Pues echen un vistazo a las argumentaciones más relojeras y astronómicas, por así decirlo, las que tienen que ver con el tiempo solar verdadero (o aparente) y el tiempo establecido o tiempo solar medio (en el que nos movemos, el que marcan los relojes, el que rige nuestra vida diaria).

Y sí, son diferentes… De nuevo, lo sentimos. La duración de un día se basa en el intervalo de tiempo existente entre dos momentos consecutivos en los que el sol ocupa la misma posición en el cielo. A esto se llama mediodía y coincide con la posición más elevada del sol. Si la tierra solo se dedicara a ejercer el movimiento de rotación alrededor de sí misma, todo sería más fácil. Como detalla Jordi Colomé, miembro de la web Watch Test (una de las mejores de relojería en español), el sol tardaría exactamente 24 horas en aparecer en el punto más alto de nuestro firmamento. «Pero la traslación está ahí, al acecho, y es la culpable de que no podamos responder tan alegremente. ¿Por qué? Pues porque tenemos la mala suerte de que la órbita que la Tierra sigue alrededor del Sol no es circular, sino elíptica, haciendo que el intervalo de tiempo que sucede entre esas dos posiciones idénticas consecutivas no sea siempre el mismo ni que tenga un valor exacto de 24 horas, sino que sufre una desviación que depende de una de esas complicadas fórmulas que nada tienen que ver con una relación sencilla y lineal».

«Un reloj parado es exacto dos veces al día. Y uno en marcha solo lo será cuatro veces al año»

A grandes males, grandes remedios. Como resulta obvio que andar con días que no tienen exactamente la misma duración complica el asunto (aún teniéndola hay quien nunca llega cuando debe), para estandarizarlo se acordó que mejor no basar los horarios de los aviones y autobuses, la programación de la tele y todas esas cosas importantes de la vida, en el ‘tiempo solar verdadero (o aparente)’; y fue ahí donde apareció el ‘tiempo solar medio’, un señor mucho más estable que sí respetaba esas 24 horas por día, ni un segundo más ni uno menos. Ernest Valls es rotundo: “No son pocas las ocasiones que los ‘raritos’ de los relojes mecánicos nos hemos de defender frente al resto de mortales cuando estos nos dicen que su reloj de cuarzo –y más barato– es más exacto que nuestro bello guardatiempo –y más caro– de pausados latidos. La verdad… Nos da igual. Además, casi se puede decir que conocer con exactitud el instante en que estamos es mera ficción. Un reloj parado es exacto dos veces al día. Y uno en marcha solo lo será cuatro momentos al año: el 15 de abril, el 14 de junio, el 1 de septiembre y el 25 de diciembre, cuando coincide, aproximadamente, con los equinoccios y los solsticios. Lo primero es una broma. Esto último se debe a la ecuación del tiempo”.

¿Y qué es eso? Una complicación propia de la alta relojería (piezas caras, sublimes) que indica la diferencia entre el tiempo solar verdadero o aparente y el tiempo solar medio: “Para ello, en algún sitio de la esfera del reloj –cuenta Jordi Colomé– disponemos de una pequeña aguja que se va desplazando por una escala cuyos límites responden el primero al 3 de noviembre, cuando el tiempo solar medio va 16 minutos y 33 segundos por detrás del tiempo solar verdadero; y el segundo, a mediados de febrero, en el que la desviación tiene lugar con el signo contrario y es el tiempo verdadero el que va unos 14 minutos por detrás del tiempo solar medio. Para ser sincero y a pesar de la personal y gran admiración que como aficionado a la alta relojería siento por la ecuación del tiempo, tampoco con ella podríais responder con exactitud la incógnita, puesto que se trata de una indicación que informa de la desviación que un día determinado de nuestro calendario presenta respecto de la hora solar verdadera, pero no informa de la desviación instantánea”. No se pongan tristes, al menos tienen el consuelo de las cuatro veces al año. Porque, al fin y al cabo, ¿quién quiere un reloj para ver la hora? Y si lo que buscan es precisión enfermiza, sigan el consejo de Jordi Colomé: “Consigamos un reloj de sol, aunque no acaba de convencerme la idea de andar siempre con uno a cuestas”.

Fuente: elpais.com